lunes, 27 de agosto de 2012

Escribo cuentos de hadas e historias de princesas disney, porque a todas nos gustaría vivir algo así. Un príncipe que nos quiera, que mate a nuestro dragón y nos rescate. Que cuide de nosotras y que acuda a la guerra para defendernos.
Pero los cuentos de princesas hace siglos que acabaron. Nos gustaría vivir algo así, claro. Pero las películas nunca cuentan la parte mala de los cuentos, sólo lo felices que son.
Personalmente, me aburriría de un tío así en dos días. Sí, podría estar coladísima por él, pero me aburriría. Siempre he dicho que si un tío hiciera por mí la mitad de lo que hacen algunos por tías que pasan de ellos, no les soltaría jamás. Pero seguramente yo sería de las que pasan de ellos.
Una amiga dice que la belleza es relativa, cada uno tenemos una idea diferente de qué es bello y qué no. Lo mismo pasa con las personas. Yo puedo ver a una persona muy guapa y otro verla horrenda.
Mis amigas siempre dicen que ellas quieren al típico tío que cuando te cruzas con él piensas "es más maricón que un palomo cojo" el típico que va siempre super conjuntado, con sus zapatillas de marca impolutas, bien peinado y con gafitas de sol para hacerse el interesante.
Yo, sin embargo, siempre he sido más del típico tío desastre, que no de pie con bola, que va siempre desaliñado (no en exceso) y que te trata de zorra. Suelen ser los que menos juegan contigo.
Es verdad lo de que las apariencias engañan. No te juntas con alguien por la mala pinta que tiene y luego es de las personas más maravillosas. Te juntas con el ya nombrado medio-gay y sólo es un putero que se aplica la ley de "mejor otros que yo" y antes de una semana ya tienes una cornamenta más grande que la Magistral.
Soy de las que se acaban enamorando del más cabrón del grupo de amigos. Pero también soy capaz de encoñarme con el más dulce.
Simplemente, el amor de película es absurdo. No todo es felicidad, y si vuestra historia sólo dura dos horas, corre.
En cosas del corazón sólo manda él, no puedes elegir. Y mucho menos engañarte o hacerte ilusiones de cosas que no debes.
Vive la vida, no te rayes y disfruta de lo poco que nos queda de verano.

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