martes, 6 de mayo de 2014

Destiny.

Y un día se levantó y él ya no estaba. A su lado, una nota: "Gracias por estos años, gracias por hacerme quien soy, te debo mucho, pero debo decirte adiós".
Su corazón se acelera. Debe de ser una broma, no le puede estar pasando eso.
Abre el armario, y está vacío. Dentro, una carta. La primera carta de amor que le escribió.
No, no puede ser. Sale corriendo de la habitación, pasando una por una por todas las habitaciones de la casa. Nada suyo, ni un libro.
De pronto, es consciente de lo que ello significa. Intenta respirar pero se ahoga, se cae al suelo y llora hasta que llega la noche. Recuerda cada momento, cómo le conoció, su primera cena, su primer beso. El día que entraron juntos por primera vez en esa casa.
Pero algo en su interior cambia, se activa un mecanismo que hace que de repente no sienta nada. Se levante, se lava la cara, se viste y se va.
Es sábado por la noche, las calles están llenas de gente que la miran pasar pasiva ante sus miradas de asombro. Ella sigue andando, sin rumbo pero sin temblar en cada paso que da.
Da con un local. Es su ambiente. Melenudos por aquí y por allá, Lamb of God de fondo, nada puede ir mal. Entra y se sienta en una banqueta de la barra. Pide una cerveza y se la bebe de un trago.
No tiene problema, no es la primera vez que ha estado allí sola bebiendo, pero siempre esperaba a alguien. Esa vez era distinta. Pide otra cerveza mientras se quita la chaqueta y muestra su camiseta favorita que le hace tener un cuerpo de escándalo.
Su actitud pasiva e indiferente a todo hace que nadie se le acerque, no al menos que merezca la pena.
Pero aparece alguien. "Es nuevo", piensa. Nunca le había visto allí. Hace como si no le viera mientras espera a que se vaya. Pero no, él no es como el resto de tíos que hay en ese local. Él tiene algo que la atrae y la aterra. Intenta permanecer indiferente, pero no puede. Sus barreras llevan demasiado tiempo levantadas y están empezando a desquebrajarse.
Él se pone a su lado y pide una cerveza. La mira fijamente y no puede evitar pensar que la ha visto antes, que la conoce. Es realmente guapa, no puede apartar los ojos de ella, pero si ella realmente fuera consciente... "Espera, me ha mirado de reojo".
No puede pensar en otra cosa que no sea él, intenta coger la cerveza pero le tiembla la mano. No puede evitarlo y le mira. Y en esa mirada, se dicen todo lo que se tienen que decir.
Primero sale ella, después sale él.
Suben a la casa de ella y tienen una noche maravillosa, sin intercambiar una sola palabra.
Cuando se despierta por la mañana, él sigue a su lado. "Tiene un cuerpo perfecto" "Le conozco, pero no sé de qué".
En ese momento él se despierta y la mira. "Es preciosa" "¿Puede que me esté enamorando de alguien que no conozco?"
Es la situación más incómoda de su vida. No sabe dónde meterse, así que se levanta y se viste. Se mira al espejo y ve que el sigue ahí, sentado en la cama, sin dejar de mirarla. Se ruboriza. Hacía tiempo que no tenía esa sensación.
De pronto, se miran y los dos comprenden por qué se conocen.
"No puede ser" "¿De verdad es ella?"
Habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron. Ella apenas era una cría de 17 años. Él tenía 20 y la situación les superó a los dos.
Los padres de ella no le permitieron ir nunca a verla. Y ella seguramente pensó que ya no quería saber nada de ella.
Había pasado tanto tiempo...

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