domingo, 22 de septiembre de 2013

A ti, mi genia.

Hoy, escribo, con mayor sensación de haber llegado tarde que cuando te conocí.
Escribo, tarde como siempre, debiéndome muchas entradas pendientes, tantas, que no sé por dónde empezar a escribir. Sé que esta noche va a ser dura, ya que todas las entradas que tengo escritas me han hecho llorar, ya sea de alegría o de tristeza, o de las dos, como es el caso de esta.
Sé, sin embargo, a quién va la primera. A ella, a la mejor, a mi genia de la lámpara.

Dicen que cuando alguien muere solemos recordarles como gente perfecta, sin errores, les idealizamos. 
Me considero una de las pocas personas(lo más probable es que me equivoque) que actualmente saben apreciar lo que sucede a su alrededor sin mentirse para un "todo está bien".

"He tardado en escribirte, abuela. Tú y yo sabemos por qué, o por quién, no lo pude hacer en su momento. Espero, también sepas cuáles eran mis intenciones, mis ideas en ese día, mi mayor preocupación. No todo me va tan bien como esperaba, ¿sabes? He perdido mucho en este año, pero considero que también he ganado bastante, y probablemente he ganado más de lo que perdí. Estoy más sola, sí, pero también más acompañada, más comprendida. Este es mi último año, ¿sabes? Tengo mucho miedo. Sigo pensando qué pasaría el día de mi graduación si tú estuvieras aquí, conmigo. Tú, con tu falda de flores, con tu mejor sonrisa, dándome esos achuchones que tanto echo de menos, como cuando era pequeña.
Te echo de menos, abuela."
Escribo esta carta tarde, dos semanas tarde. Quizá será que hasta ahora no me he atrevido a pensar tanto en ti, genia.
He de decir, que sólo se me olvidó decirte una cosa y es "GRACIAS".

06/09/2011 - 06/09/2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario