Ha llegado un punto en el que no necesito nada más, en que le veo y me olvido del mundo, en el que me roza y los problemas de repente, desaparecen.
He llegado a un nivel de confianza y complicidad en el que no necesito decir ni hacer nada, en el que he dejado de pensar en cada momento y he actuado, como quería, como me apetecía. Guiarme por mis instintos con él. Dejar de preocuparme por todo lo que pueda pasar.
Y es que me da igual lo que pase y lo que pueda pasar, me toca y pierdo la cabeza y la noción del tiempo.
Se acerca y en lo único que puedo pensar es en su cuerpo cerca del mío, en sus labios rozando los míos, en su mano en mi culo y su erección pegada a mí.
Y que me da igual todo. Que si le tengo a él, puede venir lo que quiera.
Podría explicar lo enamorada que estoy, todo lo que siento, pero necesito ser más profunda, menos precisa, intentar entenderlo.
Hace que haya algo dentro de mí que cuando no está, se queda vacío y noto esa parte que falta.
Tiemblo cada vez que me roza, me quedo sin respiración cuando me besa. No soy capaz de pensar en lo que a él respecta, no soy capaz de ser fría cuando se trata de él, porque ha hecho que un corazón que latía por costumbre, ahora lo haga por una razón. Porque se me doblan las rodillas cuando le veo, porque no soy capaz de imaginar mi vida sin él.
Porque me ahogo cuando no está, porque no soy capaz de hacer nada sin él, porque dependo hasta tal punto que me da miedo. Y me da miedo no estar dando todo lo que podría y perderle. Porque quiero ese futuro prometido, porque lucharé por él, pase lo que pase. Porque quiero ese "nene" igual que él (dentro de unos 10 años). Porque quiero estar toda mi vida junto a él, y aunque eso suene lejano, este año y 8 meses ha pasado en un suspiro. Porque empecé a ser feliz el día que me besó por primera vez, el día que me sonrío y se mordió el labio.
Porque no soy capaz de estar cabreada con él, porque no puedo estar un día sin hablar con él, sin oírle reír, sin echarle de menos.
Porque necesito pensar que está a mi lado para poder dormir. Porque abrazo sus camisetas cada noche porque huelen a él.
Porque me ha hecho algo que no comprendo y que me acojona, porque me agobia no quererle lo suficiente, porque soy poca cosa para él.
Porque él merece algo mejor, y aún así sigue diciendo que soy la mejor. Porque mejores que yo hay millones.
Porque no me merezco que me quiera. Porque no sé qué hace conmigo, qué ve en mí. Porque me abruma la pasión y la infinita ternura con la que me mira.
Porque le miro, y veo amor. Y sé que no lo merezco, que estoy donde no debería estar, que todo es un error y eso no es para mí.
Porque pienso que estoy soñando, que no valgo nada y me he quedado con el regalo divino que le correspondía a otra, que tuvo que haber un error.
Y es que no tengo vuelta atrás desde la primera vez que me miró a los ojos con esa mirada suya calculadora de la que no puedo escapar.
Porque me quitó la coraza a besos y sigue ahí. Porque me prometió que no se iría, y no se ha ido.
Porque le necesito, igual que el respirar.