"El recuerdo de tus labios llamándome bonita"
Y lo único que recuerdo son tus labios recorriendo mi cuello, despacio y salvaje, el temblor de mis piernas al oírte respirar en mi oído, los escalofríos recorriendo mi espalda.
Mis manos te buscan, buscan esa espalda que arañar, esa huella que dejar, ese "por favor, no te olvides de mí"
Mientras, tus manos ya están sujetándome, para que no me pueda caer ni alejar de ti, y a la vez recorren mi cuerpo una vez más, reconociendo y alterándome un poco más.
Y yo suspiro, porque no quiero gemir y darte ese placer, pero estoy deseando gritar. Y gritarte para que termines con esta agonía de querer tenerte más cerca y más desnudo, pero aún no es el momento, según tu parecer.
Y entonces me muerdes y noto cómo recorre mi cuerpo eses placer, y hace que me moje y que desee aún más, pero esto sigue sin terminar. Porque es parte de tu castigo, llevarme al extremo, y yo no soy de claudicar.
Entonces intento cambiar las tornas, y ser yo la que provoque en ti frustración, que parezca que en verdad soy yo la que controla toda la situación. Pero los dos sabemos que no es así, que incluso en ese momento, tú eres el que lo tiene todo bajo control, y sólo me estás dejando hacer, para que parezca que sé lo que me hago.
Pero gimes y me das vía libre para poder recorrer todo tu cuerpo con mis manos, seguidas de mi boca, que te muerde, lame y besa todas las heridas causadas.
Y lo siento por mi torpeza, pero a ti no parece importarte, estás concentrado en ver si mi mano baja lo suficiente, pero si para mí no era el momento, cielo, para ti tampoco.
Mis manos juegan en tu cadera, en tu cintura, en la cintura de tus pantalones, jugando a meterse por debajo, pero nunca pasan. Y te frustras y te quejas y yo sólo sonrío.
Y entonces llega tu venganza, y me la devuelves recorriendo con tus manos mis piernas y acercándote cada vez más, pero nunca lo suficientemente cerca, lo cual hace que esta vez sea yo la que se queje y suba las caderas, a ver si así me haces caso.
[...]