Antes de nada, he de decir que esto está siendo muy difícil para mí y que escribir esta entrada no va a ser nada fácil. No es fácil, pero necesito hacerlo. Necesito escribirlo. Allá voy.
En primer lugar he de decir, que no es fácil, pero nada fácil aceptar que una de las personas que más querías ya no está. No es fácil porque no lo asimilas. No te entra la idea de que no la vayas a volver a ver. No es fácil pensar que vas a ir y no la vas a ver. No es fácil pensar en todo lo que no volverás a hacer.
Un año. Un año y sigo llorándola. Un año y cuando creo que puedo hablar de ella sonriendo, me vengo abajo. Un año sin poder mirar sus fotos sin llorar. Un año sin poder oír el teléfono un miércoles y que no sea ella. Un año sin un "noo, mujeer" con su tono de voz. Sin un "te veo por un bujerillo". Sin un "Holo, que es más gordo". Un año sin su risa. Un año sin sus achuchones. Un año dándome cuenta de todo lo que tenía y perdí de golpe. Un año con un Dolores, detrás de mi nombre. Un año durmiendo agarrada a su cadena. Un año pensando en ella todos los días. Un año intentando asimilar algo que aún no he podido. Un año intentando que no se me caiga el mundo encima cada vez que entro en su casa.
No es nada fácil sonreír cuando es una fecha señalada. No es fácil seguir como si todo estuviera bien, sin más. La tengo presente todos los días. A cada momento. Pienso en todo lo que no pude decirla, en todo lo que tendría que haber hecho y no hice.
Llamadme soñadora, pero siempre me he visto yendo a su casa, presentándole a mi novio, incluso a mis hijos. Es una posibilidad que me quitaron de golpe. Sin ninguna opción.
Nunca he creído en dios. Pude creer de pequeña, cuando te obligaban a ir a religión y decías "que chachi es dios", pero según vas creciendo te vas dando cuenta de que si de verdad hubiera un dios, no pasarían tantas cosas a diario. Si hay un dios, es tan sumamente injusto que nunca me arrodillaría ante él. Llamadme lo que queráis, me da bastante igual. Y si encima pasan cosas tan sumamente injustas, te hacen que le odies cada día más.
Ahora mismo, lo que más necesito es uno de sus abrazos. Una tarde, tiradas en el sofá viendo pelis de "mamporros". Un "¿Qué quieres de cenar? Qué pregunta más tonta". Un "pues te adopto esa cama, y ya de paso, ¡la habitación entera!". Un "hoy te tocaba llamar a ti, pero ya que llevas una semana sin acordarte de mí, lo hago yo, mala nieta". Un "feliz santa Bárbara que truena" con unos ferrero roche. Un "¡Uyy, colonias! Ahora venimos, Mari" y aparecer oliendo a una mezcla de todo lo que pillábamos.
Ahora mismo, solo la necesito a ella. Y una vez más, sólo pido imposibles.
En primer lugar he de decir, que no es fácil, pero nada fácil aceptar que una de las personas que más querías ya no está. No es fácil porque no lo asimilas. No te entra la idea de que no la vayas a volver a ver. No es fácil pensar que vas a ir y no la vas a ver. No es fácil pensar en todo lo que no volverás a hacer.
Un año. Un año y sigo llorándola. Un año y cuando creo que puedo hablar de ella sonriendo, me vengo abajo. Un año sin poder mirar sus fotos sin llorar. Un año sin poder oír el teléfono un miércoles y que no sea ella. Un año sin un "noo, mujeer" con su tono de voz. Sin un "te veo por un bujerillo". Sin un "Holo, que es más gordo". Un año sin su risa. Un año sin sus achuchones. Un año dándome cuenta de todo lo que tenía y perdí de golpe. Un año con un Dolores, detrás de mi nombre. Un año durmiendo agarrada a su cadena. Un año pensando en ella todos los días. Un año intentando asimilar algo que aún no he podido. Un año intentando que no se me caiga el mundo encima cada vez que entro en su casa.
No es nada fácil sonreír cuando es una fecha señalada. No es fácil seguir como si todo estuviera bien, sin más. La tengo presente todos los días. A cada momento. Pienso en todo lo que no pude decirla, en todo lo que tendría que haber hecho y no hice.
Llamadme soñadora, pero siempre me he visto yendo a su casa, presentándole a mi novio, incluso a mis hijos. Es una posibilidad que me quitaron de golpe. Sin ninguna opción.
Nunca he creído en dios. Pude creer de pequeña, cuando te obligaban a ir a religión y decías "que chachi es dios", pero según vas creciendo te vas dando cuenta de que si de verdad hubiera un dios, no pasarían tantas cosas a diario. Si hay un dios, es tan sumamente injusto que nunca me arrodillaría ante él. Llamadme lo que queráis, me da bastante igual. Y si encima pasan cosas tan sumamente injustas, te hacen que le odies cada día más.
Ahora mismo, lo que más necesito es uno de sus abrazos. Una tarde, tiradas en el sofá viendo pelis de "mamporros". Un "¿Qué quieres de cenar? Qué pregunta más tonta". Un "pues te adopto esa cama, y ya de paso, ¡la habitación entera!". Un "hoy te tocaba llamar a ti, pero ya que llevas una semana sin acordarte de mí, lo hago yo, mala nieta". Un "feliz santa Bárbara que truena" con unos ferrero roche. Un "¡Uyy, colonias! Ahora venimos, Mari" y aparecer oliendo a una mezcla de todo lo que pillábamos.
Ahora mismo, solo la necesito a ella. Y una vez más, sólo pido imposibles.
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