sábado, 8 de diciembre de 2018

26/11/2018

Mi cabeza, con el tiempo, ha ido desarrollando distintos tipos de voces, cada una de ellas tenía una actitud para conmigo.
La que más tiempo ha gobernado, y que ahora está en clara decadencia, es, sin lugar a dudas, aquella que más me ha odiado, más daño me ha hecho, y que más me ha enseñado.
En estos últimos tiempos, ha habido una que poco a poco ha luchado por derrocar a la anteriormente mentada, y esta nueva voz es mucho más agradable y amena conmigo, que sólo busca hacerme bien y protegerme.
Cosas que antes la primera voz me diría "ves, eres estúpida, te mereces todo lo malo que me pasa", esta nueva me dice "déjalo, sólo vas a hacerte daño, ya verás como todo no va tan mal como quieres creer".
Y esa gran diferencia, que en el fondo es una nimiedad, hace que pase de estar totalmente inestable y que cualquier cosa me afecte, a un mínimo de estabilidad (aún no total)  y a razonar antes de afectarme, porque no todo es tan grave como mi primera voz me hace creer.
Porque aunque ya no tenga toda la fuerza que tenía antes, aún la escucho susurrar cuando estoy despierta, se apoderada de mis sueños cuando duermo. Y todo, porque sabe que esta batalla la tiene más que perdida. Es sólo cuestión de tiempo.

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